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Protagonista en: Artistas que coleccionan
Reflexiones del profesor
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Una taxonomía para el herbario de plantas artificiales |
En recorridos por distintas ciudades, en sus visitas a casas de familia, hoteles, peluquerías, oficinas y negocios, o gracias a los regalos que recibe, Alberto Baraya ha conformado una extensa colección de capturas fotográficas y muestras reales de plantas artificiales. Desde 2002, se ha valido de distintas estrategias para mostrar estas piezas, en función de categorías y clasificaciones que ha hecho a partir las mismas. Por ejemplo, la serie que hace parte de la colección del Banco de la República simula la manera como fueron elaboradas las láminas de la Expedición Botánica española que se llevó a cabo en la Nueva Granada durante la segunda mitad del siglo XVIII. En este trabajo, Baraya fija las plantas de plástico o tela individualmente sobre hojas de papel, y las acompaña por algunos de sus componentes—hojas, tallos, pétalos, pistilos—, indicando el nombre científico del ejemplar, su procedencia e información diversa sobre sus fragmentos. Las fotografías de estos montajes son exhibidas junto a un archivador que guarda varios registros de estas plantas sintéticas en los lugares que adornan. En otras ocasiones, el artista ha mostrado los montajes físicos del procedimiento descrito o también ha usado sus fotografías como etiquetas de los especimenes naturales que les corresponden. Entre sus conjuntos de registros de estas plantas pueden verse aquellas que aparecen como tatuajes sobre cuerpos, las que se vuelven complemento del vestido en accesorios y estampados, las que se usan como ornamentos domésticos o las que han sido destinadas a altares religiosos, matrimonios y velorios.
Alberto Baraya explica que un referente importante para comprender su labor como recolector de plantas artificiales es la experiencia colegial de conformar un herbario. El artista cree que éste es un acercamiento elemental a las estrategias científicas de recolección, observación y ordenamiento de la naturaleza. Baraya retoma estos procedimientos de una forma metódica y sistemática. Considerando el talante popular, decorativo e industrial que suelen implicar sus objetos de estudio, tal rigurosidad científica aplicada a la naturaleza resulta bastante contradictoria. Sin embargo, gracias a la información que le brindan los ejemplos que recolecta y los lugares que visita, devela un mundo de objetos que evidencia el anhelo humano por imitar y poseer el encanto de la naturaleza. Son elementos que pueden habitar cualquier espacio y ser usados por cualquier persona.
“[…] Italo Calvino, en su breve relato "La colección de arena", señala cómo todo coleccionista da cuerpo a su actividad para tratar de atrapar lo efímero; para prolongar momentáneamente un evento que será sólo un recuerdo, una experiencia que de lo contrario se olvidaría, para prolongar una vida que se dirige a la muerte. Un coleccionista atesora para tratar de olvidar la fatalidad de su existencia. La colección de Baraya está cargada de una doble fatalidad, porque, en sí misma, es un recuerdo plástico, una agrupación de cosas inertes; de sombras muertas de modelos "vivos".[…]”
Humberto Junca en: Revista Arcadia, número 9. Bogotá, junio de 2006.
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