Exposición Andy Warhol, Mr. America / Artículos y entrevistas

Las pinturas Che Guevara de Gerard Malanga

Matt Wrbican

Jackie, 1964 
Jackie, 1964 
Andy Warhol
© 2009 Andy Warhol Foundation for the Visual Arts / Artists Rights Society (ARS), New York

En el verano de 1963 Andy Warhol contrató a Gerard Malanga como su asistente de pintura, y este pronto se convirtió en una importante figura en el estudio del pintor Warhol, The Factory [La Fábrica]. Malanga creó también su propio arte, películas y poesía. En los archivos de Warhol se conservan muchos documentos originales (en especial cartas personales de Malanga dirigidas a él) que describen un hecho que casi lleva a su asistente a la cárcel por falsificación de arte, en 1968.

En 1967 el trabajo creativo propio de Malanga se estaba consolidando y su película, In Search of the Miraculous [En busca de lo milagroso], fue aceptada en el Festival de Cine de Bérgamo. Malanga viajó a Europa en septiembre con un boleto de ida, confiado en la promesa de Warhol de enviarle el dinero para su regreso.

Luego de la proyección de la película en Bérgamo, Malanga necesitaba dinero para regresar a Estados Unidos. No recibió sin embargo respuesta a sus peticiones, probablemente porque Warhol se encontraba fuera de Nueva York, rodando películas en Arizona y California. Sin desanimarse, Malanga decidió hacer una nueva película en Roma, donde se encontraba visitando a algunos amigos. Ingenió una manera de pagarla vendiendo pinturas hechas con base en las fotos recientes del cadáver del Che Guevara. El héroe de la Revolución cubana había sido asesinado hacía poco en Bolivia, y su imagen romántica de mártir se había acrecentado. Malanga planeaba hacer las pinturas y reproducirlas en serigrafía, a la manera de las obras de Warhol, y venderlas luego como arte del propio Warhol.

Malanga es muy claro en sus cartas acerca de las intenciones que tenía, reconociendo que hacía algo ilegal, y pidiendo por tanto la cooperación de Warhol. Le envió por correo una muestra del trabajo propuesto a su jefe, y en repetidas ocasiones solicitó su aprobación. Sin embargo, al no recibir una respuesta directa, Malanga siguió adelante con su plan, malinterpretando de manera optimista la supuesta interacción de Warhol con un amigo mutuo.
Malanga hizo dos grandes pinturas en lienzo (una versión en verde y rojo sobre un fondo azul, y otra azul y amarilla sobre plata), y cerca de veinte obras más pequeñas sobre papel; en una carta señalaba que la pintura roja se destruyó porque “la capa de pintura era demasiado delgada”. Malanga hizo arreglos para que las obras se exhibieran en La Tartaruga [La Tortuga], una de las más reputadas galerías de arte contemporáneo de Roma. El galerista, Plinio de Martis, se encontraba próximo a retirarse y por tanto entusiasmado de haber hecho una jugada final.

De Martis necesitaba asegurarse de contar con el permiso para vender las obras y contactó en Nueva York a Leo Castelli, principal comerciante del arte de Warhol. Castelli le mencionó a Warhol los trabajos, y este aparentemente puso en evidencia a su asistente. Para entonces, De Martis había hecho ya en dos ocasiones pequeños avances a Malanga; en lugar de recibir el pago restante, Malanga fue amenazado con ir a prisión. Curiosamente, la exposición en Roma fue planeada para inaugurarse el mismo día del gran evento en el Moderna Musset de Estocolmo, el 10 de febrero de 1968, al que Warhol asistió. Ocho días después, Warhol envió a De Martis un telegrama en el que hacía constar falsamente que las obras del Che eran suyas, pero que Malanga no estaba autorizado para venderlas, lo que salvó a este último de la cárcel. Warhol demoró la respuesta a la solicitud posterior de De Martis (del 27 de febrero) de hacer algunos “ajustes”, tratando quizá de encontrar una solución, pero aumentando a la vez la ansiedad de Malanga.

No es muy claro el desarrollo de la historia, pero en algún momento entre el 11 de marzo (la fecha de su última carta conocida a Warhol y a su apoderado Paul Morrisey) y el 10 de abril (cuando aparentemente expiró la vigencia de su pasaporte), Malanga recibió dinero por la publicación de sus poemas, y regresó a los Estados Unidos. El recibimiento de regreso a The Factory no fue muy entusiasta, pero luego del disparo que por poco acaba con la vida de Warhol el 3 de junio, Malanga continuó trabajando con este hasta mediados de 1970. Varios años después, Warhol recibió de uno de sus entonces galeristas italianos dos fotografías de la pintura del Che en plata, junto con un gran pedazo que se recortó del trabajo falsificado, logrando de esta manera destruirlo. Es imposible saber la razón por la que Warhol no respondió a Malanga, con lo que habría posiblemente evitado que se dieran los hechos, o por qué Malanga interpretó el silencio de su jefe como una aprobación para su proyecto. De igual manera, es difícil decir por qué Warhol nunca escogió a Guevara u a otro revolucionario cubano, como Fidel Castro por ejemplo, como tema de sus pinturas. Él nunca eludió el contenido político y retrató a muchos personajes similares en los Estados Unidos. También hizo retratos de Mao y de Vladimir Lenin, lo mismo que una serie de la hoz y el martillo, y de hecho el comunismo fue tema para sus obras a finales de los años cuarenta, cuando todavía era un estudiante. Sin embargo, tampoco hizo nunca retratos de los líderes estadounidenses de los derechos civiles de los años sesenta, como el reverendo Martin Luther King Jr., o Malcolm X. Lo más cerca que estuvo fue con su extensa serie de pinturas Race Riot (Motín racial), y un único dibujo de la primera página de un periódico informando de un ataque con cuchillo a King, en 1958.

Tal vez Warhol sentía que estos hombres eran muy controversiales, y que retratarlos podría llevar a ataques a su carrera o a sí mismo. O pudo haber sido simplemente una cuestión de oportunidad y de negocios, ya que en 1968 había terminado un conjunto de grabados (titulado Flash – November 22, 1963) con un tema del asesinato del presidente estadounidense John F. Kennedy. Siendo un hombre de negocios precavido, Warhol pudo haber percibido un conflicto en su mercado, quizá temeroso de que el editor de Flash (Racolin Press) perdiera ventas de su portafolio si pintara a la vez un revolucionario martirizado y la reverenciada figura —casi santificada— del presidente estadounidense asesinado. Al igual que Warhol y su familia, los Kennedy eran y siguen siendo católicos, y este factor pudo haber influido también en su indecisión. Es igualmente muy probable que simplemente creyera —o fuera aconsejado por sus apoderados Fred Hughes y Paul Morrissey— que no lograría vender pinturas de personajes radicales a los ricos mecenas que esperaba atraer.

Fotógrafo anónimo