Lisbeth Fog Corradine

Una guacamaya llega como Pedro por su casa a la terraza del apartamento de la científica antioqueña Ángela Restrepo Moreno. Se posa en la baranda y nos mira, como saludando y reclamando al mismo tiempo. Ahora son dos. Interrumpen las horas de conversación que llevamos esa tarde. Soy una afortunada, pienso, por ser testigo de su emoción que me contagia con facilidad. Les damos la bienvenida. Cada una se gana un buen pedazo de plátano.

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