Antioquia sale al tablero

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N° revista: 

Boletín Cultural y Bibliográfico 99

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Libro reseñado: 

Qué es ser antioqueño

Datos libro: 

Pedro Adrián Zuluaga. Penguin Random House, Bogotá, 2020, 213 pp.

Las portadillas del libro, en tonos claros, muestran la fachada de una casa de ciertos pueblos antioqueños, adornada con materas de plantas floridas que escoltan puerta y ventanas. La prosa que vamos a leer, como la portada y como la tarea de un niño aplicado: pulcra, llana, desenvuelta, sencilla, centrada en el tema de la casa y sus habitantes antioqueños. La casa y el niño abren y cierran la aventura escritural y vital que emprende Pedro Adrián Zuluaga al tratar de responder a su pregunta, ¿qué es ser antioqueño?, desde la sensibilidad del niño y con la madurez reflexiva y emocional del adulto.

Un recuerdo abre el libro y le hace decir al narrador: “A lo que pasó la tarde de ese domingo, el adulto de años después le habría de atribuir la dimensión mágica del primer recuerdo”. El primer recuerdo tiene una dimensión mágica por ser original, como la escena bíblica del paraíso: una culebra que se atraviesa en el camino de los paseantes, entre los cuales está el niño, que será el autor, en una vereda de El Santuario. Alguien desenfunda el machete y parte en dos la culebra. En este sacrificio, en esta violencia, sugiere Zuluaga, tal vez el niño de cuatro años, en su profunda entraña, intuyó, y temió, una gratuidad, ¿a cuenta de qué hacer esto?, con la pregunta naciente, no formulada en su alma de niño, que solo el adulto hará explícita: matar la culebra, ¿era un acto de violencia gratuita o era un gesto de protección y defensa? “¿En mi primera memoria hay violencia o hay cuidado? ¿En esa muerte del animal al niño que yo era se le reveló un destino de muerte o uno de protección?” (p. 15). Y luego: “¿Me siento acogido o rechazado por los límites geográficos —el paisaje, físico y moral— y culturales que evoca la palabra Antioquia? ¿No podrían ser las dos cosas a la vez?” (p. 16).

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