Cocinando el pasado, vislumbrando el futuro

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N° revista: 

Boletín Cultural y Bibliográfico 98

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Autor: 

Las prácticas alimentarias, incluyendo el procesamiento de comida y la cocina, están entre las actividades que son fundamentales en la creación y mantenimiento de la vida social. (Montón Subías, 2002, p. 7) [Traducción de la autora]


COCINAR NOS SIGUE HACIENDO HUMANOS

Cerca de tres millones de entradas arroja la búsqueda en Google de la muy conocida expresión “cocinar nos hizo humanos”, y esto sin contar las de aquellas variantes de la frase con sutiles diferencias gramaticales, también muy numerosas. Pero, en realidad, ¿qué es lo que nos dice esta frase y cuáles han sido las implicaciones de cocinar en nuestra vida cotidiana?

Aunque las evidencias parecen indicar el uso del fuego por parte de poblaciones humanas de Homo erectus hace aproximadamente 1.800.000 años (Wrangham, 2009; Angulo, 2009), existe desacuerdo sobre cuándo exactamente los humanos comenzamos a cocinar. El uso del fuego y cocinar son de hecho dos eventos muy relacionados pero diferentes. En lo que sí parece haber consenso, sin embargo, es en el impacto que el uso del fuego para cocinar tuvo y continúa teniendo en los seres humanos, en términos bioculturales. Este proceso trajo una serie de consecuencias como hacer los alimentos más digeribles y, en este sentido, aumentar la oferta de productos comestibles, potencializar la absorción de ciertos nutrientes, conservar los alimentos por períodos más largos, eliminar microorganismos, ablandarlos y hacerlos más fácilmente masticables, y también mejorar su sabor (Bonomo, Skarbun y Bastourre, 2019; Montón Subías, 2002). Adicionalmente, y como consecuencia de permitir una mejor nutrición —aunque no siempre—, trajo consigo el desarrollo de ciertas áreas de la corteza cerebral, lo que a su vez dio paso a habilidades cognitivas, posibilitando la conformación de redes sociales más complejas (Aguirre, 2017; Leonard, 2002).

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Perfil de la autora: Antropóloga de la Universidad de los Andes con maestría y doctorado en arqueología de la Universidad de Pittsburgh Estados Unidos. Actualmente es profesora asociada del Departamento de Antropología de la Universidad de los Andes. Miembro del International Council for Archaeozoology (ICAZ) y del Grupo Trabajo de Zooarqueología Neotropical (NZWG, por sus siglas en inglés). Forma parte del Colegio de Estudios Socioculturales de la Alimentación y las Cocinas Colombianas (Cesac).