Elegía al maestro que ha cerrado sus ojos

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Boletín Cultural y Bibliográfico 100

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Detenido el tiempo tras su muerte, comienzan a asentarse los recuerdos que toman formas caprichosas en el fondo de nuestra mente, como lo hacen los restos de un naufragio. Ante la fragilidad de nuestra memoria, intentamos fijar una imagen en lo tangible, para evitar que también muera en nosotros. Buscamos un orden dentro de esa pila de recuerdos para construir un mito, narrar una historia, y otorgarle sentido y trascendencia a nuestra propia existencia, pues a nosotros también nos aterra el olvido.

Blas Atehortúa (c. 1930-2020) dedicó alrededor de sesenta años de su vida a la composición musical, la dirección de orquesta y la enseñanza. Dejó un legado de 261 obras, que inicia con los Preludios para órgano (Medellín, 1957) y termina con el Concierto para guitarra y orquesta, Op. 261 (Bucaramanga, 2019), además de incluir tres obras inconclusas: Virtuoso, para violín solo (dedicada al violinista colombiano Juan Carlos Higuita); Suite magistral, en memoria de Alberto Ginastera, Luigi Dallapiccola, Olivier Messiaen, Bruno Maderna y Luigi Nono, y Concierto para contrabajo y orquesta (Joaquín Casadiego, comunicación personal, 21 de abril de 2020).

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