La leche derramada

Tipo: 

N° revista: 

Boletín Cultural y Bibliográfico 98

Tema: 

Autor: 

Libro reseñado: 

La naturaleza seguía propagándose en la oscuridad

Datos libro: 

Andrea Mejía. Tusquets Editores, Bogotá, 2018, 97 pp.

El envejecido diccionario que heredé de mi padre dice que lo cotidiano es “lo correspondiente a todos los días”. En “Júpiter”, el último de los diez cuentos que componen La naturaleza seguía propagándose en la oscuridad, la narradora está pasando el fin de semana en la casa de campo que les prestan a ella y a su pareja. En ausencia de esta, y con la idea de escribir, se sienta bajo una ventana y comenta: “Me costaba concentrarme en un cuarto que no era el mío porque mi mente empezaba a perseguir la cotidianidad de los que lo ocupaban habitualmente” (p. 88). Páginas atrás había hecho la siguiente observación:

Ciertas cosas en la casa me parecían un signo de felicidad: las dos tumbonas en el jardín dispuestas hacia el oeste, o el hecho simple de que cada uno tuviera sus cosas en su mesa de noche. Que ella tuviera sus cosas y él sus libros; que ella tuviera la colección de muñecas al lado de los libros de él. Exactamente las mismas cosas podían ser señal de infelicidad. (p. 86)

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