La microhistoria y la narrativa histórica

Tipo: 

N° revista: 

Boletín Cultural y Bibliográfico 97

Tema: 

Autor: 

Libro reseñado: 

1892: un año insignificante. Orden policial y desorden social en la Bogotá de fin de siglo

Datos libro: 

Max S. Hering Torres. Editorial Planeta, Universidad Nacional de Colombia, Bogotá, 2018, 247 pp.

Michel de Certeau propuso la noción de operación historiográfica hacia finales del decenio de 1970. En un ambiente, el francés, que venía explorando nuevas epistemologías al tiempo que rompía con las seguridades de una tradición historiográfica fundada no en la historia positivista sino en la misma historia social, la de Annales, De Certeau propuso que “considerar la historia como una operación sería tratar, de un modo necesariamente limitado, de comprenderla como la relación entre un lugar (un reclutamiento, un medio, un oficio, etc.), varios procedimientos de análisis (una disciplina) y la construcción de un texto (una literatura)” , lo que le permitió afirmar a continuación que “la operación histórica se refiere a la combinación de  un lugar social, de prácticas ‘científicas’ y de una escritura” (La escritura de la historia, p. 68). Años después, Paul Ricoeur retomó esta propuesta en su obra La memoria, la historia, el olvido, y leyó la tríada anterior como el archivo, los procedimientos y la narrativa. De esta manera, al tiempo que se respondía desde este lugar de enunciación a las recias críticas planteadas en Europa y América al carácter científico de la investigación histórica, se aceptaba que  el texto histórico era, en efecto, una literatura, esto es, una narración que, producto de las operaciones realizadas desde un procedimiento controlado (prácticas), escapaba a la ficción pues lograba restablecer el pasado como algo explicado.

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