No todo lo que brilla es oro: cultura visual y geología en las minas de esmeraldas de Muzo

Tipo: 

N° revista: 

Boletín Cultural y Bibliográfico 99

Tema: 

Autor: 

Cada país recibió en dote del Creador señaladas producciones naturales para atender á su subsistencia. Al cultivo y elaboración de ellas debe sujetarse el hombre, por necesidad y conveniencia, sin perder el tiempo en reflexionar si sería mejor ocuparse en otra cosa. Las naciones, como los individuos, tienen su vocación especial, y son desgraciadas como ellos si llegan á serle indiferentes. Colombia fue dotada con los metales preciosos, que con munífica profusión se hallan distribuidos en los veneros que asoman por sus cordilleras y en los placeres que enriquecen las hoyas de sus ríos.

Vicente Restrepo Maya

El paisaje como concepto en el siglo XIX es una elaboración desde las artes, la filosofía, la literatura y las ciencias. En especial, en la geología y la geografía se van a sustentar nuevas formas de entendimiento del territorio, sus significados y sus alegorías. La llegada a Colombia de un grupo de “científicos” desde Europa supone reafirmar el territorio como el lugar fértil y productivo que remite a una naturaleza extensa e indomable, la cual debe ser, ante todo, aprovechada. Existe un retorno a esta idea colonial de un jardín precioso lleno de riquezas infinitas, aunque en el caso colombiano esta mención de origen cultural y religioso se adecúe a una simbología local cuya consecuencia es pensar el paisaje como un espacio metafóricamente delimitado por la materialidad de las montañas, el río, el mar, las costas y los llanos[1]

Leer texto completo

[1] Humboldt fue uno de los que rescató esa idea del Nuevo Mundo como el espacio primario que se menciona en el Génesis. En su libro Ansichten der Natur pone en boca de Colón esa poderosa imagen: “La dulce frescura que al calor del día reemplazaba la transparente pureza del estrellado cielo, el balsámico perfume de las flores que las brisas de tierra arrastraban, llevaron la creencia al ánimo de Colón, según Herrera, de que el jardín del Edén, santa morada del primer hombre, se hallaba próximo”