Ensayo

Las portadillas del libro, en tonos claros, muestran la fachada de una casa de ciertos pueblos antioqueños, adornada con materas de plantas floridas que escoltan puerta y ventanas. La prosa que vamos a leer, como la portada y como la tarea de un niño aplicado: pulcra, llana, desenvuelta, sencilla, centrada en el tema de la casa y sus habitantes antioqueños.

En Colombia son pocos los que ostentan el título de ensayistas. Tal vez uno de los motivos de esta escasez sea la dificultad de elevar a profesión un tipo de escritura que, por su misma naturaleza, siempre está en permanente trance de reinvención y nunca apunta a un fin preciso.

A veces es cierto que enseñar es aprender dos veces, como lo dijo el francés Joseph Joubert. En el caso de Juan Carlos Orrego, tal vez más de dos veces. Antropólogo de la Universidad de Antioquia, tenía 25 años cuando recibió la llamada inesperada de su alma máter para dar la cátedra sobre Teorías de la Cultura, que se dicta en los primeros semestres de la carrera de la cual es egresado.

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