Ensayo

Nunca antes lo ficticio había incidido en las vidas de mujeres y hombres de la manera en la que lo hace ahora. Es tal el poder de lo virtual que se hace difícil distinguir lo falso de lo verdadero en el día a día, para detrimento tanto del individuo como de la sociedad en la que está inmerso.

Entre las muchas formas en las que se puede presentar un ensayo, la epistolar es de todas la más narrativa. El artilugio funciona así: alguien que ha dominado un arte mantiene una correspondencia, por lo general ficticia, con un joven interesado en andar la senda de la creación artística.

En la introducción de este libro, el autor nos dice que se atreve a contradecir a Rousseau: “(...) no, el hombre no nace bueno y la sociedad lo corrompe. Es al revés: el hombre es un ser violento y egoísta y la sociedad lo educa, lo incorpora a la civilización para que pueda convivir en paz con otros hombres” (p. 23). En el principio: el caos, el crimen, la violencia.

Antes de comenzar, debo advertir que este libro es un engaño: aunque se nos presenta como un ensayo en el texto introductorio, este escrito sobrepasa los límites formales del centauro de los géneros.

De Hernando Téllez (1906-1966) puede decirse que es un escritor secreto. Solo ciertos iniciados en la literatura y especialistas conocen hoy en día su nombre. Fue un gran prosista, un periodista de renombre, cuentista, ensayista, perteneció al consejo de redacción de El Tiempo y a la revista Mito, colaboró con el diario El Universal de Caracas, fue subdirector de la revista Semana en su etapa inicial, etc.

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