Epistolar

Quienes estamos acostumbrados a la mordacidad y sostenida reflexión de un pensador del calibre de Fernando González (1895-1964) puede que no encontremos en este volumen de cartas a su hijo Simón González Restrepo más que un anecdotario íntimo que denota la necesidad de instrucción paternal, caracterizada por el tono conciliador de un guía espiritual y padre de familia en conversación epistolar.

La primera de las cartas que componen este libro está fechada el 20 de septiembre de 1962, cuando Jaime Jaramillo Escobar tenía 30 años y Jotamario estaba apenas por los 22. Si hubo correspondencia anterior entre los dos escritores, y parece que sí, no está incluida en el libro, quizás porque, como muchos otros papeles, terminó perdiéndose.

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