Literatura infantil y juvenil

Los ritmos marcan la vida. Como si fuera música, el latir del corazón de la madre acompaña el sueño del feto. La respiración, pausada o agitada, delata el estado de ánimo. En la naturaleza todo está marcado por un ritmo invisible, por un sonido silencioso que señala el momento de nacer, de morir, el momento de migrar o de quedarse, el tiempo para germinar o para marchitarse.

Sin galas innecesarias, entremos al texto, a este gran libro protagonizado no por uno sino por dos personajes: un niño y un experimento de estilo. Planteada esta simbiosis única, elevada a la tercera potencia —por las ilustraciones que participan de esta historia—, abrimos con un interrogante: ¿de qué va esta conjunción, esta historia tricéfala?

Es muy difícil encontrar un libro para niños que hable sobre discapacidades, y que lo haga de manera natural y poética; sin aleccionamientos ni consideraciones especiales que, aunque con buenas intenciones, terminan por diferenciar y apartar al discapacitado.

Con gran razón advirtió la crítica y editora Lucía Borrero sobre el elemento innovador que introdujo en la literatura colombiana El imperio de las cinco lunas (1998) al clasificarla dentro del género de la “metaficción para jóvenes”, esto es, obras que no solo cuentan historias, sino que exponen un discurso reflexivo sobre la historia (“Narrativas de fin de siglo para niños y jóvenes”, Revista Latinoamericana de Literatura Infantil y Juvenil, n.o

La playa es una narración ideal para los lectores más pequeños: es bre­ve, llamativa, fluida, con un toque de fantasía que le da una vuelta al cierre de la historia. Poco retadora, simple. Y es que sus autoras, sin aspiraciones ambiciosas, evitan las obviedades y se centran en dos de las actividades más importantes y necesarias de la infancia: el juego y la imaginación.

Durante la Navidad de 2016, una hermana le regaló a mi nieta Emma la novela de aventuras En el corazón de las ballenas, libro que leí con emoción, de una sentada. Desde las primeras pá­ginas me vinieron a la mente Aventura en la isla, Aventura en el castillo, Aven­tura en el barco y otros títulos de Enid Blyton (1897-1968) que me acompaña­ron en la niñez.

En una sociedad alfabetizada, don­de los textos literarios (cuentos, no­velas, poemas, cómics, tradición oral) desempeñan una función simbólica determinante para conocer el mundo, comunicar la representación que nos hacemos de él y configurar un univer­so interior, siempre terminaremos por hacemos las preguntas: ¿cómo pueden llegar los libros a los niños?, ¿quiénes son los responsables de que los niños se conviertan en lectores?, ¿qué libros les

“Sueño con un mundo en el cual los libros y las estrellas sean de todos”, escribe Luis Bernardo Yepes en el epígrafe de La señora Estrellas y Letras, un libro apto para diversos públicos, pero cuya edición —a cargo de Panamericana Editorial— nos hace pensar que está destinado a niños: una tapa dura que garantiza un poco más de durabilidad, llamativas y dinámicas ilustraciones en color, repujado en la cubierta y unas guardas decoradas que enmarcan

Entre los recursos literarios más complejos de lograr, y que mejor manejo demuestran del lenguaje y de la capacidad de proyectar universos aparentemente reales solo a partir de palabras, se cuentan el humor y los diálogos.

En la cubierta, un niño lee distraído mientras un grupo de dinosaurios, situado detrás de él, lo acompaña. Huellas de reptiles se dibujan en las guardas y, a continuación, la primera página nos recibe con la imagen de un huevo: una invitación a la vida.

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