Novela

“Mi papá se llamaba Víctor como yo, Víctor Zapata. Yugo era, es, mi mamá. Hablando sin rodeos, soy lo que los escritores más castizos de estas breñas, Tomás Carrasquilla, por ejemplo, llaman un hidepú”.

Me gustan los libros que me recuerdan otros libros, sobre todo aquellos que lo hacen sin abusar de epígrafes, alusiones y recursos intertextuales. El tema es más de memoria personal que de erudición o bibliofilia. Los que más me gustan son los que consiguen que mi cerebro reinvente lecturas juveniles u olvidadas, viejos apasionamientos que pueden sonar hasta vergonzosos. Es una cuestión de sensibilidad recuperada, del placer de la entrelínea.

Después de Nada importa —finalista del Premio Herralde de Novela en 1998, que en esa ocasión ganó ni más ni menos que Los detectives salvajes de Roberto Bolaño—, Final de las noches felices y Que venga la gorda muerte, Álvaro Robledo nos invita ahora a transitar por la ciencia ficción desde una perspectiva metafísica, en una historia que nos habla de viajes a través del espacio y el tiempo, así como del origen y el fin de la humanidad; de socieda

En la mañana en la que escribo esta reseña me encontró, de la mano de un gran amigo, un texto de Juan Forn publicado en Página/12 bajo el título “Un canon de mujeres para nuestra época”. Allí, el argentino confiesa que en los últimos tres o cuatro años los libros que lo llaman son, cada vez más, de autoría femenina. “Por primera vez en mi vida estoy leyendo a más mujeres que hombres.

Esta es una historia sobre el lugar que dos hombres desean y buscan en el mundo, y lo que sucede cuando esos deseos se cruzan en el camino de la felicidad del otro. Es una novela en la que estos dos hombres se enfrentan por un pedazo de tierra, una coquera, “un trozo de costa en donde el mangle entraba en tregua y, en cambio, los penachos de decenas de palmas de coco explotaban hacia el cielo como fuegos artificiales” (p. 59).

Ya desde los epígrafes y la primera página pueden ser evidentes dos preocupaciones fundamentales de Las hermanas Borscht, novela de Francesca Moreno Possin (editada en la colección Ópera Prima Narrativa, de la editorial de la Universidad Nacional de Colombia).

Después llegaste tú, justo a tiempo para ofrecer tus promesas de amor eterno. Como si fuéramos personajes de cine, nos inventamos el uno al otro. Cuánta frivolidad, cuánta urgencia de utopías hechas con los materiales que hubiese disponibles y a la mayor rapidez. Me temo que no llegamos a conocernos. Es algo que nos pasa a todos, pero en especial a los hombres. Me tomó muchos años descubrirlo. El amor les entra por los ojos.

Habría que leer esta novela dos veces, porque la primera sentada le secuestra al lector la voluntad y lo enreda en el ímpetu de las historias de policías criollos, de periodistas algo carroñeros y de malandros finos; y la segunda ojeada sería para disfrutar la astucia de la trama, el humor paramuno, el lenguaje, los personajes y la atmósfera de una Santafé de Bogotá de finales del siglo XIX, azotada por los delitos más insólitos.

Historias, relatos que se alimentan de la propensión de los seres humanos a salir de sí mismos e invadir con su deseo la vida de otros seres humanos. Seres dependientes que temen la soledad más que la muerte, que insisten en sumarle a sus vidas erráticas la vida de otro para que el desastre sea completo. Tal podría ser el perfil de Cómo perderlo todo.

El viaje de regreso a casa constituye uno de los grandes temas de la ficción occidental. Jorge Franco, en su séptima novela, recurre a este modelo para construir el paisaje de la Colombia y la Medellín de la época posterior a la muerte de Pablo Escobar, una figura que, como se dice en el libro, “vivo o muerto había partido en dos la historia de Colombia” (p. 231).

Páginas

Suscribirse a Novela