Novela

Al comienzo de la novela, Toño Ci­ruelo aparece en la casa del narrador, Eri, después de veinte años sin saber el uno del otro. Su relación, que se re­monta a los años del colegio, se había mantenido, con intervalos de sepa­ración entre ambos, hasta los treinta años. Tras llegar, Ciruelo le confiesa que ha asesinado a la Oscuranta, o la Indígena, una extraña mujer que fue su pareja, la única relación estable que tuvo en su vida.

En el marco de la Feria del Libro de Bogotá de 2016, se llevó a cabo un colo­quio entre escritores que, de un modo u otro, habían relatado la muerte en sus obras. Entre estos autores se encontra­ba Álvaro Robledo, quien meses atrás había publicado la novela Que venga la gorda muerte.

No es esta la primera vez, ni será la última, que un escritor se valga de la figura de Napoleón para escribir una obra literaria. La fábula del corso, cuyos restos reposan en el corazón de los Inválidos, en París, ha sido recreada y reinventada una y otra vez por plumas tan variadas y autorizadas como las de Balzac, Stendhal, Victor Hugo, Tolstoi, Heine, Byron y Leopardi. Y ahora, Roberto Burgos Cantor.

La odisea de una muchacha llamada Adela, casi una adolescente, sobreviviente de la tragedia de Armero, viuda de la violencia y madre de una bebé enferma, es lo que narra la escritora colombiana Gloria Inés Peláez (Manizales, 1956), en esta, su segunda novela publicada.

En el prólogo de su libro Adiós a los próceres (Grijalbo, 2010), Pablo Montoya dice, entre otras cosas, que “la Independencia colombiana (...) no fue una época sabia y penetrada por la transparencia. La invadieron, al contrario, la torpeza, el delirio, el equívoco y una gama variopinta de valentías”. Y la novela de Juan Álvarez (Neiva, 1978), La ruidosa marcha de los mudos, corrobora plenamente el aserto de Montoya.

Para realizar esta reseña sobre la primera novela del bogotano Juan José Ferro, me ha parecido prudente seguir la estructura sucinta que aconseja Darío Jaramillo: el reseñista, recomienda el poeta, “debe decir qué tiene un libro por dentro, quién o quiénes lo escribieron, a qué se parece —qué libros hay semejantes o complementarios—, cómo le parece el libro al reseñista y por qué”.

Esta novela es la última del escritor José Libardo Porras, autor antioqueño ampliamente conocido en el ámbito literario. Nacido en Támesis, en 1959, ha dedicado su vida a la escritura. Su primer libro apareció hace ya treinta años y, desde entonces, ha incursionado en todos los géneros, sobre todo en los narrativos, con los cuales ha obtenido múltiples galardones.

Infiltrada como trabajadora del archivo del Palacio de Justicia, Aurora, alias “Yolanda”, ex estudiante universitaria y miembro del M-19, de 26 años, aguarda el asalto del edificio por parte de la guerrilla para secuestrar a los magistrados y forzar una negociación que culmine con el enjuiciamiento al presidente de la República.

La obra de Sergio de la Pava se podría describir, desde un principio, como una de esas “producciones de las cuales es difícil decidir a qué tradición nacional o continental pertenecen —si se trata de arte ‘argentino’, ‘americano’, ‘francés’...—” (Reinaldo Laddaga, Estética de la emergencia, p. 11).

Tras dos incursiones previas en el género, en su tercera novela, Bechara relata los avatares de María Costa, estudiante de letras y deportista juvenil de alta competencia. La novela abarca un año largo, entre mediados de 2002 y 2003. Se puede precisar con exactitud el momento histórico de la ficción, pues la explosión de la bomba contra el club El Nogal, ocurrida el 7 de febrero de 2003, se menciona en la narración.

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