Novela

Pocos mitos literarios son tan eficaces, a la vez que falsos, como la supuesta muerte simultánea, el 23 de abril de 1616, de Miguel de Cervantes y William Shakespeare.

La maqueta es la de una gran novela. Tres tiempos, tres historias. La primera: la vida del prusiano August von Ritter en el Nuevo Continente. El hombre, que viene huyendo de un pasado misterioso y oscuro, ahora se llama Garin Bachmeiner. Aquí, entre Cartagena, Mompox y poblaciones del Magdalena Alto y Medio, se dedica al robo y tráfico de tesoros indígenas, para después terminar uniéndose a la causa independista de la mano de Bolívar.

Rafael Baena (1956-2015), el fotógrafo, editor y periodista nacido en Sincelejo y radicado en Bogotá, escribe su primera novela, Tanta sangre vista (2007), a los 41 años.

¿Cuántos lectores tendrá hoy, en Colombia, G. K. Chesterton? No deben ser una multitud, a pesar de que en su época fue uno de los escritores más populares del mundo, y de que ha contado entre nosotros con dos poderosísimos (y muy disímiles) respaldos: la Iglesia católica y Jorge Luis Borges.

La premisa de este libro no es particularmente ingeniosa ni sorprendentemente original: organizar una novela siguiendo el plano de un inmueble que así adquiere una dimensión simbólica de la vida personal de alguno de los protagonistas, o ayuda a sintetizar la trasformación de la sociedad que enmarca el relato.

Una altísima calidad literaria caracteriza El vuelo negro del pelícano, la segunda novela de Felipe Agudelo Tenorio. Novela insular si se piensa en el mapa de la nueva narrativa colombiana, vapuleado por los contornos periodísticos y las temáticas criminales.

¿Toda novela debe ser trascendental? ¿En todas y cada una deben aparecer un universo inédito, una experiencia humana de la que no teníamos registro narrativo, una innovación técnica que nos asombre? ¿Todas deben ser hitos nacionales o internacionales y modificar la historia de la literatura? Quizá el pensamiento absoluto se atreva a decir que sí, pero, la verdad, no ocurre con frecuencia.

Narrar fragmentos de una vida puede ser una acción entreverada por elementos tanto autobiográficos como ficcionales. Lo anterior supone un juego y una tensión no resuelta entre ambos relatos y potenciada cuando la identidad nominal del autor se comparte con la del narrador-protagonista.

La forma de las ruinas es una extensa novela cuyo tejido narrativo, fina y coherentemente trabajado prueba fehaciente de madurez técnica) precipita al lector en las vidas de unos personajes que comparten la particularidad de estar vinculados, de un modo íntimo, al asesinato: uno, el de Jorge Eliécer Gaitán; el otro, el de Rafael Uribe Uribe.

En la portadilla del libro Tú, que deliras, de Andrés Arias (Bogotá, 1977), editado por Laguna Libros, dice después del título: “Una novela sobre la vida de Carolina Cárdenas, Miss decó”. Aunque se presenta como una novela, el libro está incluido (escrito abajo, en la misma página, con el sello de la editorial) en la Colección Laguna Crónica 6. Y ello puede verse como una contradicción. Novela y crónica, simultáneamente.

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