Poesía

En el libro sexto de la Eneida, Eneas desciende al Hades y transita entre las almas de los muertos. Durante la travesía se encuentra con el alma de su padre Anquises, que aparece bebiendo las aguas del Leteo en la fuente del olvido. A las almas de los muertos las renueva el olvido. Con el suicidio de Dido en Cartago, esta escena es uno de los pocos recuerdos que preservo de la épica de Ovidio.

Esta esperada antología reúne poemas de 19 libros escritos por Juan Manuel Roca en 31 años. Del primero al último, una figura mutante, a la que se le atribuyen distintas cualidades y funciones, ronda por su poesía. A veces proviene del mundo de los sueños, a veces del mundo de los muertos y, otras, de la literatura. Se asoma por primera vez en Memoria del agua (1973): “Pienso / en este fantasma / que criba en la noche / el sueño de los hombres.

Estoy desplegado en el tiempo. Fluyo en él como una criatura sin señales. Su inicio apenas lo vislumbro. Y su final es un vaho que percibo en el aire. Una estela de gemidos, no obstante, me contiene. Pasan las generaciones apoyadas en mi hálito. Y como el viento en la arena de la tormenta, me hundo en lo transcurrido. (p. 11)

La novedad de esta antología radica en que es la primera vez que se convoca a 26 mujeres poetas vivas, de seis departamentos del Caribe colombiano. Cada una de ellas comparte en 16 páginas su versión del mundo. No hay acá distinciones, ni consideraciones especiales; resalta la igualdad y el respeto, tanto para las poetas inéditas como para las más experimentadas.

José Manuel Arango (El Carmen de Viboral, 1937 - Medellín, 2002) es autor de una obra poética escasa, si se quiere. Cinco libros publicados y uno póstumo. Pese a lo cual es, sin duda, una de las voces más atendidas de la poesía colombiana. Esa importancia, tal vez, se acrecentó después de su muerte en 2002.

El prólogo de la reconocida escritora uruguaya Ida Vitale termina diciendo que la obra “debe ser recibida como una lección de humildad que generosamente inventa el mundo”. Vea usted. Dividida en dos partes, la primera se titula “No de sombras” (?) y la segunda “Mover ciudades”. Facilito.

Como parte la colección Poesía Ilustrada de La Jaula Publicaciones, premiada por el Instituto Distrital de las Artes (Idartes) con la Beca para Proyectos Editoriales y Emergentes en Literatura, de su Programa de Estímulos en 2016, aparecen tres mínimas plaquettes en las que escritores e ilustradores colombianos comparten su obra desde el libro como propuesta experimental.

...Y el arroyuelo azul en la cabeza, an­tología preparada por Miguel Méndez Camacho, nos introduce en la poética compleja de Eduardo Carranza (1913- 1985).

No cabe duda sobre el acierto del tí­tulo de este libro de poemas, Moradas interiores, y la sintonía de las cuatro vo­ces que componen. Hay en el conjunto una comunicación profunda entre sus autoras, en la que se establece una di­námica que habla desde lo más interior y se concentra en esa morada del ser que es la palabra.

El título es sugerente: un canto en el umbral debe de ser un borde en donde se sitúa el poeta para nombrar y nom­brarnos; renuevo del lenguaje, arista, filo, margen y orilla. Punto de partida y de llegada.

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