Artículos

A comienzos del siglo XX, un mapa de más de dos metros de ancho, y casi metro y medio de alto, colgaba de las paredes del Ministerio de Relaciones Exteriores en Bogotá. El mapa, elaborado a finales del siglo XVIII, mostraba la extensión y los límites del virreinato de Santafé, estaba rodeado de tablas y textos explicativos en caligrafía antigua e incluía una vista de la capital virreinal (Acevedo, 1971; Barona, 1983).

El 8 de noviembre de 1819, tres meses después de la victoria en la batalla de Boyacá, Simón Bolívar le escribió a Francisco de Paula Santander una carta en la que, en tono celebratorio y anticipando “otro Boyacá en Venezuela”, dejó ver su convicción de que la guerra estaba próxima a terminar y se acercaba el momento de ocuparse de asuntos administrativos propios de “la creación de una nueva república”.

En un informe enviado a las autoridades españolas, fechado en marzo de 1760, se destaca con amargura la visita formal que hizo en 1752 el indio Toribio Caporinche, capitán de una extensa parcialidad guajira y poseedor de numerosas cabezas de ganado, a la isla de Curazao, en donde fue recibido con una salva de quince cañonazos propia de un alto dignatario extranjero y los mismos honores se le hicieron a su partida.

De acuerdo con una clásica aunque nada caduca interpretación historiográfica, el comercio de contrabando, también conocido como “comercio de hecho” o simplemente “comercio ilegal”, fue para el siglo XVIII, a lo largo y ancho del Imperio español, un problema social y político homologable al de la herejía para los dos siglos anteriores (Withaker, 1936).

La incertidumbre que experimentamos en 2020 a raíz de la pandemia nos da una idea de lo que se siente cuando parece evidente que la sociedad en la que vivimos no puede continuar por el mismo rumbo y los cambios anuncian más cambios que afectarán nuestras vidas en un futuro cercano.

Suscribirse a Artículos