Reseñas

Crece el número de libros dedicados a los maestros y ello es indicativo de que constituyen una referencia benigna en una sociedad en crisis, como la colombiana. Se dirá que esta crisis es diacrónica y que parece por momentos irresoluble en varios aspectos. De acuerdo, pero tenemos un reparo frente a los escépticos de oficio: esa crisis cambia de matices y no está institucionalizada; para decirlo en jerga weberiana, no somos un país fallido.

Teoría de cuerdas es el primer poemario de Katyhuska Robinson (1983), poeta, música y artista performer barranquillera. Fue publicado por Hadriaticus Editores en Bogotá en 2018, y simultáneamente en México y Suiza. La poeta escribió el libro durante una residencia en el Centro Artístico Internacional Roy Hart, en Francia, y se lo dedica “a los espíritus danzantes de Malérargues”.

Este es el primer poemario de Sara Harb (1955), una cineasta barranquillera de ascendencia libanesa. En las guardas del libro está consignado que le tomó cuarenta años escribir los poemas que se encuentran en estas Travesías; esto quiere decir que cada poema nos lleva por los caminos de una vida —siempre y cuando entendamos, en complicidad con el título, que “toda la vida es sueño, y los sueños, sueños son” (Calderón de la Barca)—.

William Ospina (Padua, Tolima, 1954) es un escritor que goza de gran reconocimiento, en general, por parte de los lectores y de la crítica especializada. Sus libros son bastante leídos, sin lugar a dudas. Es autor de novelas, ensayos, poemas, y columnista semanal de un periódico nacional.

Naufragar en la orilla, de Beatriz Vanegas Athías (Majagual, Sucre), es una antología personal que reúne algunos poemas de sus cuatro libros en este género (incluso uno, Galería de perdedores, que no figura en la nota sobre la autora, en la primera solapa, ni en el conjunto de portadas de todos sus libros, en la segunda solapa, a pesar de que fue editado en 2000, como figura en el corpus del libro y como dice uno de los comentarios sobre la autor

Museo del cuerpo recoge 90 poemas breves, en verso libre corto, en torno a múltiples visiones del cuerpo. Se trata de una colección de viñetas, de miradas alrededor de uno de los temas predilectos de nuestros días.

¿Quién es Álvaro Miranda en el maremágnum de poetas que es la lírica colombiana de los siglos XX y XXI? Él mismo responde, como el que habla de una familia, que es un poeta de la Generación sin Nombre, y que sus poemas aparecieron publicados por primera vez en Antología de una generación sin nombre (Adonais, 1970), que realizó el crítico español Jaime Ferrán.

Emilia Pardo Umaña fue una de las primeras periodistas colombianas. Nacida en 1907 en Bogotá, a los 27 años fue una mujer singular para su época (las primeras décadas del siglo XX en Colombia), por su carácter y oficio; transgredió espacios que estaban reservados solo para el trabajo de los hombres, logrando ingresar como redactora en el periódico El Espectador.

En una celda de una prisión de máxima seguridad, dos presos son obligados a pasar juntos una noche. Uno de ellos no da su nombre pues su fama lo precede, es el sicario y la mano derecha del narcotraficante más peligroso de la historia colombiana. Al otro simplemente lo llaman el Fantasma y es un anciano que ha pasado más de treinta años en esa prisión. Al primero le falta solamente una noche para cumplir su condena y salir libre.

“Mi papá se llamaba Víctor como yo, Víctor Zapata. Yugo era, es, mi mamá. Hablando sin rodeos, soy lo que los escritores más castizos de estas breñas, Tomás Carrasquilla, por ejemplo, llaman un hidepú”.

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