Reseñas

Tengo la leve sospecha de que el género negro en Colombia, desde una forma más categórica y consciente, toma un nuevo rumbo con el libro El informe de Galves y otros thrillers, de Roberto Rubiano, publicado por Tercer Mundo Editores en 1993.

Tras la novela Te recordé ayer Raquel (2004) y la colección de cuentos Desasosiegos menores (2011), Andrés Mauricio Muñoz publica su tercer libro que reúne siete cuentos. En el primero, que da título al conjunto, una mujer protagoniza la tragedia de no poder visitar la tumba de su antigua pareja.

Jorge Aristizábal ganó en el año 2000 el Premio Nacional de Literatura del Instituto Distrital de Cultura y Turismo con su colección de cuentos Grammatical Psycho, por lo que no resultó ser un completo desconocido al ganar en 2015 el Premio Nacional de Libro de Cuentos Ciudad de Bogotá con La gesta del caníbal, que la editorial Rey Naranjo, siempre con su buen gusto, decidió publicar en 2016.

En el siglo XVIII hubo en el Reino Unido una interesante polémica entre el pintor y académico (pertenecía a tres academias) Joshua Reynolds (1723-1792) y su colega Thomas Gainsborough (1727-1788). Este último, rebelde con lo esquemático, se apartó de la normatividad en la pintura, por lo que pronto salió de la Royal Academy, que dirigía su mencionado contradictor, para hacer todo lo contrario a lo que exigía el canon en el uso de los colores.

La crónica es un género que toma elementos prestados de otras formas de la escritura y, a la vez, es único por su composición y brevedad. Por eso Juan Villoro se refiere a ella como al ornitorrinco de la prosa. Además, se encuentra atravesada por las huellas de la memoria y la ficción, y por eso mismo tiene algunos exponentes más cercanos al lenguaje periodístico y otros más afines al literario.

Desde su nacimiento en el páramo de las Papas, entre el Cauca y el Huila, hasta su desembocadura en Bocas de Ceniza, en el Atlántico, el río Magdalena recorre 1.540 kilómetros del territorio nacional y atraviesa once departamentos de Colombia.

“Dentro del ámbito académico han surgido varios cuestionamientos con respecto a la literatura colombiana contemporánea que podrían resumirse bajo la pregunta: ¿qué hacer con la narrativa colombiana de fines de siglo XX y principios del XXI?” (p. xvi). En Residuos de la violencia, la profesora Andrea Fanta Castro ensaya una respuesta a este interrogante.

El Instituto Caro y Cuervo publicó en 2016 y 2017 la obra crítica completa del escritor y crítico literario colombiano Hernando Téllez (en tres volúmenes), edición a cargo del estudioso Carlos Rincón, en la prestigiosa colección Páramo de su sello editorial.

¿Alguna vez imaginaron un álbum familiar hecho de letras y no de fotos? ¿O pensaron posible una biografía singular, poco perceptible pero no menos potente, de un personaje desapercibido de la historia escrita como lo es la letra y su evolución en la imprenta? El libro reseñado es la conjunción de estos dos acontecimientos, un lugar de encuentros entre el pasado y el futuro que nos dice mucho sin escribir tanto.

Como escribía Jacques Derrida en su conocido y extraordinario libro Mal de archivo, los archivos tienen quizás mucho de “casa”, de residencia, de “lugar donde”, del “allí donde”.

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