Palabras que nos cambiaron: lenguaje y poder en la independencia

Margarita Garrido, Ph. D.

Uno de los principales logros de la Independencia fue poner en circulación un conjunto de ideas y un lenguaje con el que la posibilidad de un orden social distinto al colonial se instaló en el imaginario social. Al producirse la crisis del Imperio español y al pasar de la fidelidad al rey a la Independencia, fue necesario definir quiénes y cómo gobernarían, producir una nueva legitimidad y para ello, un lenguaje distinto con el que se pudiera decir y entender el nuevo orden político republicano que se estaba fundando.

Los términos derechos, ciudadano, representación, soberanía, libertad, igualdad, república, elecciones, congreso y constitución se dijeron, se imprimieron y se leyeron en diversos espacios públicos, conformando un repertorio distinto de conceptos y palabras. Estas palabras existían y se usaban en las sociedades coloniales pero tenían significados diferentes y, sobre todo, no constituían un conjunto interrelacionado e inseparable.

La Independencia afectó las maneras de percibir el orden social, es decir, el lugar de los grupos y las personas en la sociedad y las formas de justicia y autoridad. En esa experiencia las palabras fueron muy importantes: para los habitantes americanos haber vivido el proceso como pueblo soberano, como patriotas o realistas marcó la manera de verse a sí mismos, de concebirse como actores en la esfera pública. Así mismo, el denominarse ahora ciudadanos y no vasallos, el pensar que se vivía en una república y no más en una monarquía, que se regían por una constitución que definía derechos para los ciudadanos y no privilegios o fueros para unos pocos, les permitió apreciar el mundo de una manera distinta.

La clasificación social colonial entre blancos y castas, indios, negros, mestizos y mulatos sufrió un gran embate que dejó fisuras por entre las que fueron abriéndose camino las ideas de igualdad de los ciudadanos y de nuevas relaciones de poder. El nuevo lenguaje, con sus concepciones alternativas sobre origen de poder, legitimidad, gobierno, ciudadanía y justicia, desacomodaba las concepciones culturales dominantes y daba aliento a relaciones y prácticas sociales distintas.

Las palabras circularon en todo tipo de impresos y fueron leídas y dichas por muchos. Con ellas se hacía la Independencia. Textos e imágenes se produjeron y circularon en espacios públicos como plazas, balcones, púlpitos, calles, chicherías, tiendas, casas y juzgados. ¿Hasta qué punto este lenguaje contribuyó a una nueva cultura política en nuestros países? ¿Cómo se combinó con la tradición colonial y con las desigualdades social y étnica heredadas? ¿Cómo nos cambió?

Muchos de los asuntos tratados en el período hacen parte, por supuesto con distintos énfasis y en distintas formas, de la agenda actual de los países hispanoamericanos: los derechos políticos, sociales y culturales, los equilibrios entre centro y regiones, la supremacía de la constitución, la democracia y las libertades.